“El
medio es el mensaje”, es una famosa frase del filósofo Herbert Marshall Mcluhan.
Ésta es una premisa que nace desde el análisis de este pensador sobre las
dinámicas comunicacionales que se inauguran con la construcción de lo que hoy
son conocidas como las “sociedades de la información”, en un trabajo rupturista
y previsor ya que acuña una serie de conceptos que serán fundamentales para la
crítica de una forma de sociedad que se establece casi 30 años después del pick
de la actividad intelectual de Mcluhan (el espacio de información World Wide
Web fue creado en 1989, mientras que el periodo de producción de Mcluhan abarcó
la década de los 60 y tuvo un renacimiento en los 70).
A
mi parecer, y sobre esto girará este pequeño espacio; imperceptible como una
voz entre una serie de voces infinitas; Mcluhan tiene la perspicacia de apuntar
su descripción no solo al contenido de los mensajes que se emiten en este
espacio virtual, si no a como las nuevas plataformas de comunicación (los
medios; no lo que estoy escribiendo aquí, sino, el hecho de escribirlo aquí, material/virtualmente) son lo que
constituyen las nuevas lógicas de una sociedad de la información.
Bajtín te mira y te juzga.
Estoy
inclinado a definir que el problema del contenido, el origen de los mensajes en
las sociedades de la información; está enredado en una cantidad incontable de
nudos ciegos, y eso trae una serie de consecuencias que no pueden ser
ignoradas, ya que el que se haya acercado al estudio de Searle comprenderá: lo
dicho en un espacio/momento del mundo, es un acto con consecuencias, tiene efectos
en la realidad donde fue dicho lo dicho; el hablar
es un verbo después de todo, e incluso antes, Bajtín dirá que estos actos
determinados por reglas de uso serán lo que construya las nuevas formas de
expresión, ejerciendo nuevos géneros discursivos que fundarán nuevas dinámicas
de la comunicación (puede que, por regla de uso, me esté alargando demasiado para
un blog).
Derrida prefiere a los gatos que a las personas.
Pero me atrevo a decir que la intencionalidad que define al sujeto
del habla, lo hablado y lo escuchado según Searle, resulta sospechoso, ya que: ¿Qué
define lo que puede ser dicho? Los nuevos medios de comunicación nos permiten
expandir el alcance de nuestro mensaje, pero eso no cambia ni expande lo que nosotros
seamos capaces de decir. Derrida diría, (y perdón por la simplificación), que
los actos de habla “toman prestado” un lenguaje cuyo significado es determinado
por un contexto histórico-lingüístico y por las posibilidades que tal contexto
presente. No somos totalmente dueños de los nuevos modos de comunicación, ellos
nos moldean, y nosotros a ellos. Pero no hay que engañarse: la sociedad “democrática”
de información que constituye las dinámicas del siglo XXI y las reglas que
imponen, no son blancas palomas; a veces ellas hablan por nosotros, nosotros no
somos los dueños todo el tiempo.